Los niños y las mascotas

Los niños y las mascotas

¿Quién no tiene algún recuerdo de alguna mascota, compañera de juegos en nuestra infancia?.
Los niños que se crían con un cachorro, además de compartir juegos, encontrarán un amigo.
Es conveniente que una persona adulta esté presente en los juegos, hasta que el animalito aprenda buenas costumbres, como por ejemplo; no morder.
La educación de una mascota no debe dejarse en manos del niño, pues al priorizar los juegos sobre la necesidad de educación, podría hacer del animal una mascota agresiva o malcriada.
No debemos permitir que los niños la molesten cuando descansa o cuando come o la traten con brusquedad, y dar por terminado el juego si el animal se comporta agresivamente.
Tanto los perros, como los gatos, que se crían con niños suelen ser más sociables.
Si hay un bebé en la casa, jamás dejarlo solo con nuestra mascota, pues no debemos correr peligros innecesarios, ya sea por celos o por una travesura.
Es recomendable que el perro cuente con un lugar para refugiarse en soledad cuando no quiera jugar con el chico.
También se debe acostumbrar al niño a utilizar las mismas órdenes que los adultos para no confundir al animalito.
La crianza de una mascota contribuirá en aumentar la confianza del niño en si mismo.
Conocerá además, la amistad en su más pura expresión y tendrá un compañero fiable y comprensivo en todo momento. Entre ellos establecerán códigos de comunicación que nos asombrarán.
Recordemos que al adoptar una mascota no estamos regalando un juguete a nuestros hijos, por lo que es importantísimo hacerle comprender al niño que deberá aceptarlo como un integrante más de la familia, a quien habrá de cuidar y proteger, además de compartir juegos y diversiones.
Antes de la adopción, además de la charla familiar previa, es conveniente consultar con el veterinario respecto de las características de la mascota a adoptar, en relación al ambiente que habrá de ser su nuevo hogar y al grupo familiar con el que convivirá.
El animalito criado entre niños, con una adecuada supervisión y guía por parte de los adultos, será una mascota perfectamente sociable que, llegado el caso, lo protegerá de cualquier peligro.
En definitiva, es altamente recomendable que el niño conviva con una mascota, porque ello le ayudará a desarrollar valores importantes para su vida, tales como la amistad, la compañía, la preocupación por el prójimo y el respeto por los seres vivos.
Aún cuando su tarea consista sólo en darle de comer, ayudar a bañarlo o llevarlo de paseo, adquirirá el sentido de la responsabilidad desde edad temprana y a la vez valorará mucho más las satisfacciones que le brindará su mascota por encima de toda otra que pudiera aportarle un juguete, por más costoso que fuere.
Estos aspectos fundamentales no son tenidos en cuenta por aquellos que regalan una mascota a sus hijos para entretenerlos durante las vacaciones y luego la abandonan, sin reparar que así están inculcando a los niños un mensaje de irresponsabilidad y desprecio por el prójimo y que esta lección, luego y con gran probabilidad marcará su actitud en el futuro.
Es imprescindible entonces, que la decisión de adoptar una mascota sea el resultado de una previa y profunda valoración del cambio que su inclusión en la familia traerá consigo en forma permanente y definitiva, sin perder nunca de vista que, a manera de recompensa por la responsabilidad que asumimos, nos colmará de alegría y afecto.