Pro y contras del microchip para mascotas

Pro y contras del microchip para mascotas

El Instituto de Zoonosis Luis Pasteur presentó un proyecto en la legislatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, para la implantación de un microchip subcutáneo a las mascotas domésticas.
Según las autoridades del Instituto, el pequeño dispositivo que se colocaría en el lomo del animal serviría para conocer, entre otras cosas, en forma inmediata y mediante el uso de un lector especial, el nombre de la mascota y el de su dueño, su historia clínica, etc.
Esta idea, a primera vista parece beneficiosa para nuestras mascotas, dado que –según aseguran- la implantación del microchip será incruenta y no provocará malestar alguno.
Sería también, un método maravilloso para facilitar la búsqueda de perros y gatos perdidos y un medio seguro y eficaz para realizar el seguimiento del animal y, por ejemplo, el contralor de su vacunación.
Constituiría una herramienta invalorable para que el médico veterinario que lo atendiera en alguna urgencia, contara con la historia clínica que le permita efectuar un diagnóstico más exacto y, consecuentemente brindarle un tratamiento más eficaz.
Además, resultaría muy útil para evitar el abandono de mascotas, dado que al identificar al animal se identificaría a su dueño. Con esto se evitaría que aquellos que compran un cachorro sólo para entretener a sus hijos durante las vacaciones, lo puedan abandonar impunemente cuando estas finalizan. Ello siempre y cuando el abandono sea sancionado con el rigor necesario.
Bienvenido sea entonces, el microchip.
Pero, su implementación no solucionará problemas acuciantes tales como la existencia de la proliferación de animales abandonados en la vía pública, que según estadísticas llevadas por el Instituto Luis Pasteur (publicada en “Publimetro” del 22 de marzo de 2001), rondarían los treinta mil, sólo en la Ciudad de Buenos Aires.
Entonces, antes o simultáneamente a la implementación este método de identificación y seguimiento, es obligatorio aportar el remedio a esta situación.
Según su interventor, el Instituto está creando un hogar de tránsito para albergar a los perros y gatos callejeros a quienes, incluso implantarían el dispositivo.
Demás está decir que un hogar de tránsito no alcanza ni es adecuado para el fin perseguido, pues sería conveniente, en tal caso, contar con diversos hogares en zonas estratégicas en las que confluyan los 47 barrios porteños.
También resultaría imprescindible que las autoridades fomenten con énfasis e inclusive, premien de algún modo, la adopción de estos animales que, tal como reconoce el propio interventor, sobreviven gracias a la solidaridad de los propios vecinos o de sociedades protectoras de animales que los vacunan, castran y alimentan.
Pero la realidad de los hechos nos llena de dudas respecto del resultado final de este proyecto.
Es que, la existencia de animales abandonados en la vía pública no es un fenómeno espontáneo que se verificó poco tiempo atrás.
Perros y gatos abandonados existen y existieron siempre (aunque nunca como ahora) y jamás se dio una respuesta adecuada que, por supuesto, contemple los derechos del Animal.
Por otra parte, estamos acostumbrados a que en la Argentina, proyectos como éste naufraguen a poco de iniciados, so pretexto de que no existe presupuesto para brindar albergue a los animales abandonados o que la partida adjudicada no alcanza para efectuar el contralor y seguimiento o habrá de faltar personal para ello y entonces, seguiremos presenciando el triste espectáculo de mascotas sin dueño sobreviviendo a la intemperie o que nuestros perros y gatos llevan debajo de la piel un microchip que ha caído en desuso.
Porqué no hemos de dudar de la eficacia del método si observamos que en las ciudades de veraneo, ninguna autoridad censa el ingreso de mascotas, para controlar que al final de la temporada regresen con sus dueños. Para ello no es necesario contar con la sofisticación del microchip, dado que con una simple anotación en un elemental registro, la propia Policía Caminera o, incluso, los encargados del cobro de peaje en las autopistas, podría ejercer el contralor adecuado.
Simplemente no se hace, porque se toma como un tópico menor o insignificante.
Qué podrá hacer la Legislatura o el Instituto Pasteur para erradicar este fenómeno social y deplorable con la sola implementación del uso obligatorio del microchip, si de ella no deriva un estricto e inexcusable contralor del mantenimiento y el tránsito de las mascotas y la consecuente sanción del incumplimiento.
Quienes aman a los animales viven un suplicio al pasear por las calles de Mar del Plata, por citar un ejemplo. En ella parece no existir autoridad alguna (y esto ocurre desde hace años) que ocupe siquiera algo de su tiempo en buscar la solución al abandono de mascotas que ya deambulan en verdaderas jaurías en pos de alimento o de alguien que las adopte. Y cada temporada, el número aumenta. Pero, al parecer, la indiferencia y la inoperancia también.
Deben saber quienes tienen responsabilidades de gobierno que la solidaridad de entidades, asociaciones o particulares que se ocupan de aportar su esfuerzo para brindar una mejor calidad de vida a los animales vagabundos se ve desbordada por el aumento del abandono.
Estamos en lucha constante, pero, pese a ser muchos, somos derrotados porque por cada hogar que encontramos para una mascota callejera, varias son abandonadas nuevamente, otras tantas tienen crías (condenadas también al desamparo); porque no hay campaña de educación para evitar el abandono, no hay sanción a quien abandona, no hay castración ni control, no hay amparo, sino el que ejercen en definitiva, los vecinos con sus propios recursos.
Es así que la indiferencia de las autoridades opera definitivamente en contra de aquel accionar solidario.
En este estado de cosas, sólo exigimos a los gobernantes que ejerzan el control necesario para evitar de una vez por todas el abandono (sea utilizando el microchip o cualquier otro elemento), realicen una poderosa campaña de educación sobre el particular y sancionen el incumplimiento de la ley. En una palabra, que protejan a los animales y contribuyan a la definitiva erradicación de esta costumbre incompatible desde todo punto de vista con las más elementales reglas de la buena convivencia.
Finalmente, decimos si al microchip en tanto contribuya a los fines enunciados, pero pedimos que al mismo tiempo se ejerza el más riguroso control que permita evitar el abandono de mascotas; se provean hogares transitorios a las que hoy padecen esta situación y se fomente y premie su adopción por personas responsables.
También proponemos que la provisión del microchip sea gratuita para los propietarios de mascotas que carezcan de recursos para adquirirlos y que se establezca la obligatoriedad del control de supervivencia en forma anual, que bien podría ser ejercido por el propio Instituto Pasteur, juntamente con alumnos y profesores de la Facultad de Veterinaria y personal del municipio para quienes no puedan abonar la consulta particular y por los médicos veterinarios, en general respecto de las mascotas que atiendan. Y, asimismo, el estricto control del ingreso y egreso de animales de compañía a los distintos puntos turísticos del país.
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